Cinco cosas imprescindibles que hacer en Lisboa

Los planes que hacer en Lisboa son interminables… Un paseo por la Baixa hasta la bulliciosa e inmensa plaza del Comercio, la ascensión hasta el Barrio Alto previo paso por el Chiado de Pessoa, la Alfama con sus locales de fado y buena gastronomía, la emblemática plaza de Rossio o los cautivadores miradores. Sigue leyendo para descubrir las 5 cosas imprescindibles que hacer en Lisboa. 

Se dice que Lisboa es la ciudad de la ‘saudade’. Pero, ¿qué significa esta palabra? No tiene una traducción directa al español, pero es el vocablo que usan los portugueses (y también los gallegos) para evocar soledad, tristeza, melancolía... El sentimiento que se produce cuando lo que amas o a quien amas está lejos. Quizás el que acuda a Lisboa sentirá en sus carnes la ‘saudade’ cuando tenga que abandonar la ciudad, pero no mientras esté en ella. Aunque esa carga melancólica, decadente, tierna y sentimental está presente en cada rincón lisboeta, la experiencia de adentrarse en sus barrios será plenamente satisfactoria. Sólo hay que lanzarse a una montaña rusa de calles estrechas y empedradas donde la ayuda de los elevadores y el tranvía es fundamental para coronar esta particular ciudad hacia la gloria.

Pero antes de todo hay que planificar muy bien el viaje a con un alojamiento de garantías. Es posible encontrar hoteles baratos en Lisboa, como lo demuestra el ibis Lisboa Liberdade, un alojamiento cómodo y moderno a pocos metros de la avenida da Liberdade, la arteria que comunica con los barrios históricos de la ciudad. Una vez resuelto este importante apartado, sólo queda sumergirse en la capital lusa para descubrir una ciudad diferente a todo lo visto hasta ahora. Para ayudar en este recorrido, aquí van cinco propuestas imprescindibles de cosas que hacer en Lisboa.    


Baixa y Chiado en el elevador de Santa Justa
El elevador de Santa Justa no sólo es una ayuda para superar sin esfuerzo el desnivel que hay entre la Baixa y el Chiado. Este ascensor vertical de 45 metros, de estilo neogótico y con una estructura de hierro, es todo un símbolo de Lisboa. Aunque hay otros elevadores en la ciudad, es el único que es un ascensor como tal, ya que el resto se asemejan a lo que conocemos como funiculares. Además, conecta dos ‘Lisboas’ totalmente diferentes, la comercial y turística Baixa, con el reposado y nostálgico Chiado. Por si fuera poco, es uno de los miradores más privilegiados de Lisboa. Un consejo: una vez arriba, hay que detenerse a contemplar las vistas que se aprecian, en especial la de las ruinas del Convento do Carmo.
Baixa y Chiado en el elevador de Santa Justa
El elevador de Santa Justa no sólo es una ayuda para superar sin esfuerzo el desnivel que hay entre la Baixa y el Chiado. Este ascensor vertical de 45 metros, de estilo neogótico y con una estructura de hierro, es todo un símbolo de Lisboa. Aunque hay otros elevadores en la ciudad, es el único que es un ascensor como tal, ya que el resto se asemejan a lo que conocemos como funiculares. Además, conecta dos ‘Lisboas’ totalmente diferentes, la comercial y turística Baixa, con el reposado y nostálgico Chiado. Por si fuera poco, es uno de los miradores más privilegiados de Lisboa. Un consejo: una vez arriba, hay que detenerse a contemplar las vistas que se aprecian, en especial la de las ruinas del Convento do Carmo.
Fado y buena comida en la Alfama
La Alfama es el antiguo barrio de pescadores de la ciudad. Es uno de los pocos lugares del mundo donde un escenario con casas ajadas y avejentadas,  calles estrechas y oscuras y la ropa tendida al fresco configura una maravillosa y auténtica postal. Así es la Alfama, el lugar donde nació el fado y donde se puede seguir acudiendo a escucharlo. Son muchos los lugares en los que disfrutar de una velada de música y gastronomía inolvidable. Dos ejemplos son la clásica Taverna d’el Rey (Largo do Chafariz de Dentro, 15), precisamente junto al Museo del Fado, y el moderno Boteco da Fá (Rua do Vigário, 70).
Miradores: vida y vistas en Lisboa 

Los miradores en Lisboa son algo más que simples atalayas desde las que contemplar la silueta de la ciudad. Son espacios de socialización, de encuentro, de vida. Uno de los más populares es el de San Pedro de Alcántara en el Barrio Alto, un lugar efervescente donde se reúnen turistas, músicos callejeros, artistas, lisboetas… En la Alfama merece una parada el de Portas do Sol y los que estén en forma y con ganas de subir cuestas, no pueden perderse el de Senhora do Monte. Es el más elevado de todos, por lo que Lisboa quedará a los pies de todo aquel que corone esta atalaya presidida por la ermita de la Virgen que le da nombre.

Belém, los Jerónimos y sus pasteles
Al oeste de la Lisboa de la Alfama, el Chiado, el Barrio Alto y la Baixa, se encuentra otra ciudad majestuosa bajo el paraguas del título de Patrimonio de la Humanidad. Donde el Tajo va adquiriendo el aroma marino del Atlántico se levanta la Torre de Belém, otro emblema incuestionable de Lisboa.  Fue baluarte defensivo y cárcel y su estilo manuelino cautiva al visitante. También lo hace el cercano Monasterio de los Jerónimos y su imponente claustro, visita también obligada en la ciudad lusa. Y cómo no. Si estamos en Belem nadie puede marcharse sin probar sus mundialmente conocidos pasteles. La cola que habrá que esperar ante la genuina Casa dos Pastéis de Belem merecerá la pena.

Cacilhas, Lisboa desde otro punto de vista

No suele formar parte de los habituales circuitos turísticos por Lisboa, pero es más que acertado dedicarle unas horas. Se trata de Cacilhas, una localidad que se encuentra al otro lado del Tajo. Desde la estación de Cais do Sodré se toma el ferry que cruza el río en pocos minutos. Una vez allí, y por un paseo que transita junto a naves abandonadas y destartaladas, se contemplan las mejores vistas de Lisboa.

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